Enterrado en las salinas
se encuentra el tesoro
de la pureza.
Los flamencos son
nubes de algodón
flotando en las mareas.
Las marismas se llenan de agua salada
y se vacían lentamente,
como un corazón verde
abierto al cielo,
bombeando suavemente.
Y entre las cañas del río
anida la paz de mi alma
mecida por las aguas,
como un Moisés dormido.

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