Todo vale en el amor y en la guerra
y lo nuestro siempre tuvo
un marcado belicismo;
aunque, por supuesto, lo niegas.
Dices que son cosas mías
mientras quiebras entre tus manos
mi diminuta bandera blanca
y, sin dejar de clavarme la mirada,
arrancas suavemente
la argolla de esa granada.