Encuentra todo aquello
que te aterra,
te paraliza,
te inquieta.
Todo aquello que
no te atreverías a hacer,
que te niegas a ver,...
¿Lo tienes?
Míralo bien
en el fondo del espejo.
Y ahora abrázalo,
bésalo,
acúnalo,
enfréntalo,
libéralo,...
ámalo sin condiciones.
Y cuando hayas terminado,
empieza de nuevo.

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