Los días malos siempre me pillan por sorpresa
y me descubro maldiciendo tu recuerdo
que me mira impasible
tras un cristal antibalas.
Los días tsunami,
(cuando todo me empieza a hacer aguas)
apareces lentamente
y yo miro horrorizada
las burbujas que suben a la superficie
y cómo va emergiendo lentamente
tu cadáver
hinchado de olvido y desconsuelo.
Los peores días miro mi rostro en el espejo,
presa del puro pánico y la hipocondría,
intentando averiguar,
por el color de mi piel o mis lunares,
si tu presencia se ha reproducido
y ha hecho metástasis
en algún lugar de mi memoria.
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