A veces envidio tu memoria
tan práctica, tan selectiva,
tan de pez.
La mía es irremediablemente elefantina:
tan pesada, tan persistente,
tan empeñada en recordar
cada fecha,
cada calle,
cada beso.
Algunas veces desearía
sumergirme en el agua
y sencillamente mutar.
Transformarme en
otro pez de vaporosos velos
e ignorar esta extraña necesidad de
ir a morir,
exhausta de recuerdos,
a este cementerio nuestro
del que tú ya no te acuerdas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario